viernes 10 de febrero de 2012

Por el camino de Swann


Queridas todas, queridos todos.

La tardanza no es una muestra de dejadez, descuido o despreocupación, si no, todo lo contrario. Se ha pensado en ustedes, en su interés por vernos, en su amor por la lectura, en su beneplácito por la Literatura. De ahí, que nosotros busquemos la gratitud de sus deseos, lo mejor, siempre, y que todo se cumpla para que sus mundos sean reales en la compañía grata y afable de quienes formamos las tertulias de Café con Letras.
Y aquí llega la propuesta para la siguiente. Nuestra amiga enfática, divertida, elocuente, razonable, fehaciente, argumentativa, pensadora... Elena Cobos, con un atrevido libro de alguien muy atrevido, Marcel Proust, con, Por el camino de Swann, obra que abre la heptalogía de En busca del tiempo perdido.
Hay que avisar a todos y a todas que este primer tomo ha sido traducido en otras ediciones por Un amor de Swann, como puede hace Cátedra. No existen inconvenientes para poder comprar o adquirir el libro en cualquier librería de la ciudad, así como en las bibliotecas provincial y central, donde encontrarán también el ejemplar.
La fecha es el 29 de febrero, miércoles, pero si tienen algún problema, comuníquenlo a este correo.
Nos veremos en el Astronauta a las 20:45 horas.

No nos falten, porque allí son queridos y queridas...

Edición Café con Letras.

domingo 5 de febrero de 2012

Vorbei! (¡Se acabó!)

Artículo de Rosauro Varo en la edición de hoy, día 5 de febrero de 2012, en la sección de opinión del Diario Córdoba.

ROSAURO Varo 05/02/2012

Hace unos meses, con motivo del centenario de la muerte de Gustav Mahler ,asistí en la catedral de Liverpool a un recital de su tercera sinfonía. Durante ese año --2011-- casi todo el mundo y en especial Europa, llenaron sus programas musicales de las sinfonías de un autor que es a día de hoy el compositor más representado. Tras una primera etapa de ostracismo y olvido a principios del siglo XX, la figura de Mahler fue recobrándose hasta ser considerado uno de los compositores más influyentes y decisivos en la historia de la música, cuyo influjo se mantiene aún vivo.

Pero la fuerza de este autor va mucho más allá de esa influencia. Lo que sorprende de Mahler, lo que atrae, lo que atrapa a quien escucha su música es su capacidad de transferir toda su personalidad en la obra que ha creado. Recorrer la discografía de Mahler es recorrer su propia vida, que volcó literalmente en sus producciones, en las que sus preguntas, sus máximas interrogantes marcan inevitablemente cada una de ellas. Adentrarse en su música es, pues, adentrarse en su alma, en su misma piel. Mahler utilizó sus sinfonías para inmortalizar todo su sentir ideológico y vital, en el que arrastraba los grandes temas de la historia de la humanidad: el amor, la muerte, la belleza, el sentido de la vida. Y lo hizo en un momento muy particular desde el punto de visto histórico.

Fue en la Viena donde desarrolló lo principal de su labor y donde chocaban, se enfrentaban en ese momento dos modelos antagónicos de ver la vida. El siglo XIX exhalaba sus últimos suspiros mientras que las grandes corrientes intelectuales del siglo XX se afanaban por romper con la tradición y crear un nuevo orden. Mahler supo dotar a la música decimonónica de sus últimos destellos mientras que, al mismo tiempo, sentaba las bases de una ruptura inevitable que es también contradicción y paradoja entre las preguntas y respuestas que él mismo se interpela. Mahler viaja entre las posibilidades que le da la vida sin aferrarse directamente a ninguna de ellas y más aún, siendo fiel y respetuoso con todas ellas. El sufrimiento que le provoca dicho discurrir no anula los momentos de gloria efímera que la vida nos regala. Y ese es el Mahler que hipnotiza. No el que cambió la historia de la música, sino el que humano como nosotros se enfrenta a lo inescrutable de nuestra existencia.

Y si la primera sinfonía supuso un viaje a su infancia, a los ecos de la Bohemia que lo vio nacer y crecer y que se mezclan con las notas que muestran su origen judío, la quinta, con su famoso Adagietto, es un himno al amor y a Alma Mahler. La novena sinfonía, la última completamente terminada, fue escrita por Mahler tras como él mismo afirmó, su "diálogo con la nada"; las experiencias con la muerte, sobre todo la de su pequeña hija, llevaron a Mahler a componer esta pieza que es un canto en sí mismo a la muerte. En ella, Mahler afronta los premonitorios últimos instantes con la serenidad del que ha alcanzado cierto grado de madurez, en un proceso que parece más una derrota que una victoria, la aceptación y la resignación. El silencio calmo que generan las notas finales del violín así lo atestiguan. Su cuarta sinfonía, titulada Resurrección , resume y aúna, pero sobre todo sobrevuela, todas las disquisiciones que marcan la vida y obra del autor. Porque esta sinfonía supone al fin, la exaltación de la vida misma, de su triunfo sobre la muerte a la que mira con ojos orgullosos. Los últimos instantes de su quinto movimiento suponen una cumbre en la historia del arte universal. El coro, las sopranos y la orquesta en su conjunto van creando un espacio único y transcendental en que ya, sólo tienen cabida la emoción y el sobrecogimiento.

Esta sinfonía fue la última composición que Mahler dirigió al frente de la Hofoper de Viena. Mahler dejaba atrás 10 años al frente de la misma para partir hacía su aventura en tierras estadounidenses. El día de su partida la Estación Central de Viena se llenó de personas que pretendían dar su último adiós al compositor que revolucionó y cambió para siempre la música austriaca. Entre ellos se encontraba otra figura artística de la época, el pintor Gustav Klimt. Consciente de que terminaba una etapa dorada e irrepetible en la vida músical y cultural de aquella Viena "fin de siglo", exclamó melancólico: "Vorbei! (Se acabó)".

* Médico y escritor

martes 3 de enero de 2012

El primer encuentro del año


Queridos todos los que reciben el año presente.

Este mes tampoco descansamos con nuestra tertulia literaria. Además, esta es algo emotiva, no porque sea alguien especial, si no porque lleva mucho tiempo sin proponer, no porque se le haya castigado, no porque se le haya olvidado, si no porque ha llegado su turno, aunque deberíamos habernos planteado tal cuestión. Es su momento.

Il nuestro amico florentino, Luca, che dopo la sua proposta ruvida diventa audace. Y esta vez, quizá, tira a lo seguro, a centroeuropea, Sándor Márai, con 'El último encuentro', editado en España por Salamandra, año 1999.

Solo nos queda concretar la fecha que será el 31, martes, a las 20:30 horas, para empezar como muy tarde a las 20:45 horas. Tiempo de cortesía para todos aquellos que lo necesiten.

viernes 2 de diciembre de 2011

Animal de fondo


Hola a todo el mundo.

Otro año más se acerca la fecha de la Navidad, para algunos, deseada, para otros, no tanto. Desde Café con Letras como de cotumbre, no por lo que nos marcan, solemos hacer algo especial, leer un libro, por muy raro que suene. Pero eso no es todo. Quizás, es más especial, porque ese día lo pasamos juntos, al calor de las copas, al son de las gotas de risa, al vaivén de los vehementes olores perfumados... todo en nuestra comida-tertulia.
El martes se habló de realizarla el miércoles día 21 a partir de las 14:30 con la tradicional espera de aquellos que por el trabajo necesiten más tiempo del citado. El sitio es el de siempre, El Astronauta, con sus respectivos menús.
El libro a leer es Animal de fondo, de Juan Ramón Jiménez, y como tal, es difícil de encontrarlo. Ahora bien. Como se trata de un periodo de la vida del poeta onubense, lo pueden hallar en muchas de sus compilaciones.

lunes 14 de noviembre de 2011

Recordatorio


Estimada familia de tertulias Café con Letras, les recordamos que el próximo día 29 de noviembre, martes, a partir de las 20:45 tendrá lugar la tertulia sobre Ubik, de Philip K. Dick, presentada por nuestro victoriano amigo Carlos, en el Astronauta, lugar imborrable.

Un saludo desde la Edición Café con Letras.

lunes 24 de octubre de 2011

Seremos buenas personas... quizá


¿Por qué me has convertido en aquello que nunca he deseado hacer? ¿Por qué soy igual a ti? No eres yo. Jamás seré tú. Todo esto ha acabado. Todo esto se va. Adiós papá.

Gracias, hijo. Ahora veo que me quieres.

Muerte de un viajante es una de las mejores obras de teatro que aún se sigue representado en cualquier parte del mundo, en cualquier escenario del mundo. Es potente, amarga, dura, busca la redención, suena el odio, es patente el orgullo, la escasez valía de los sueños propios. ¡Déjadme ser yo! ¡Déjadme conseguirlo por mí mismo! Es real, imaginaria, con continuos saltos al pasado -flash back-, tres formas de narrar una caída, un derrumbe en cualquiera de nosotros, de la vida misma, de nuestra esencia que a veces se engrandece, a veces se entristece, se entumece para no crecer más por falta de esos logros que se han perdido durante nuestro largo camino, con continuas y diversas salidas a ambos lados que nos destruyen, que nos sobrecogen, sopesando la abundancia de nada a la nada de la abundancia por no alcanzarlo.

La noche fue fría. El olvido de Elena, la rara tardanza de Luca, la nueva llegada de dos tertulianos, la visita inesperada de Vero, la extraña presentación de Yolanda, la ausencia de amigos, como Rosso, o la costumbre de mencionar al creador de esta mágica y heterodoxa familia, Ángel, siempre querido, siempre lejano, siempre latente. Así se dispuso la nueva cena de las palabras, de los inolvidables y breves sorbos de letras que se convirtieron en plataformas flotantes de la discusión, ancla que nos aprisiona, de la moral, de la inmoral o de la amoral reacción que causa-efecto tiene la sucesiva narración en cada uno de nosotros al terminar la lectura. Enfrascados durante la insoportable estación de este tiempo, se dibujó la inmensa sonrisa de variedad al gusto: el amor, el odio, la fe, la fuerza de los personajes, todo un elenco de situaciones que se batieron en largos y sinuosos encuentros de diversidad para entender y defender lo que unos pensaban y lo que otros sostenían. Los clarines chispeaban en post de un duelo arduo, persistente, entre los que vieron el amor y vieron la salvación, la única acción loable y coherente de un viajante en sus últimos pensamientos, tras el costoso y delicado trabajo de tragarse su orgullo, perder sus sueños, ser devorado por la evolución, por su alrededor, por no saber adónde dirigirse durante mucho. Quizá, para una redención, dada con el abrazo que le otorga su hijo, signo de aprobación para hacerlo.

Y es que no todos estamos preparamos para tal hazaña. Hay que ser valiente, hay que ser conocedor de uno para tal acción, mascando durante un inolvidable periodo la decisión, la cuestión, tener el miedo presente, vencerlo, aniquilar las esperanzas, porque no las hay, porque no podemos cambiar a nadie ya que en realidad desconocemos cómo son -nosotros somos así- todos, aun a costa de creernoslo. Todo se esfuma rápido, muy rápido y no vemos pasar el tiempo por las rendijas que verdaderamente lo forman: tú, yo, él, vosotros, ellos, nosotros, seres indivisibles que deberían morir intentando ser lo que desean ser: creadores o soñadores, realistas o imaginarios.

Algún día seremos buenas personas. Todos; y eso es lo que importa, quizá.


lunes 17 de octubre de 2011

Paranoias llegan


Está claro que en este particular tiempo las mentes cada vez se están convirtiendo en algo más parecido o cercano a la paranoia, que a la realidad simple y sencilla que podemos crear, al menos intentar en nuestras vidas; pero eso resulta casi imposible realizarlo, en práctica, por supuesto. Y nosotros, nuestra familia, peculiar también, se adhiere a ese limbo limítrofe de realidad y fantasía, con la arriesgada puesta en escena de un libro desconocido, por el género que normalmente solemos leer, como es la ciencia-ficción, quizá muy próximo estuvo The road, muy significativa para con los momentos que nos habitan, llenos de vampiros crueles, vampiros enamoradizos, muertos vivientes, licántropos contra vampiros, y un largo etcétera.
Así aparece nuestro amigo Carlos, gentil y sutil en su diálogo expositivo, metiendo a Philip K. Dick, conocido autor que se ha relanzado en esta última década gracias a uno de sus libros, que, como no, nos tocará leer. El barco se echó a la mar aun sabiendo que las olas podían destrozarlo. Valiente era el capitán, atrevido y apasionado de su mar, de su esperanza de creer acertar en su propuesta.
El libro en cuestión se llama Ubik, y deben pedirlo por internet. Hay dos ediciones, y según he buceado, para los 'amantes-seguidores-paranoicos' de este género están decepcionados con una de ellas, aunque la traducción es la misma.
La fecha que se baraja es el 29 de noviembre, martes, o 1 de diciembre, jueves. Recordad que tienen que votar puesto que había problemas de viajes de algunos de los contertulios. Es imprescindible su voto para afinar el detalle de la fecha, por favor. No se demora más de esos dos días. Lo sentimos, pero no queremos que se junte con la comida-tertulia de diciembre.

Sean abiertos con la obra en cuestión pues lo van a necesitar. Disfruten de sus días.

Saludos de Edición Café con Letras.

P. d.: En próximos días la crónica de 'Muerte de un viajante'...